El ser humano suele ver a menudo la enfermedad, el dolor, el padecimiento en el otro. Pocas veces piensa que él puede atravesar en algún momento por esas circunstancias traumáticas y extremas en las que la desesperación está presente y necesitará de una mano solidaria. Para muchas personas, la continuación de la vida depende de la donación de un órgano. Este mes se recordará el Día Mundial de Órganos y de Tejidos para Trasplantes, instituido por la Organización Mundial de la Salud, que se celebró por primera vez en Suiza en 2005.

Después de la Segunda Guerra Mundial comenzó el trasplante quirúrgico de órganos humanos de donantes fallecidos o vivos a personas enfermas o moribundas. Gracias a los permanentes avances de la ciencia, se ha producido en los últimos tiempos un aumento de la demanda, que siempre ha sobrepasado la oferta.

Se desconoce, por lo general, que un solo donante puede salvar ocho vidas: dos trasplantes de riñón, dos de pulmón, dos de hígado (dividiendo el órgano), uno de páncreas o intestino delgado y uno de corazón, sin contar los vinculados con la calidad de vida, como los trasplantes de córneas o de piel.

El Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (Incucai), creado por la Ley 25.392, cuya actividad sustancial es la incorporación de donantes voluntarios de CPH para ser utilizadas en trasplante, señala en su sitio web que el trasplante de órganos es un tratamiento médico indicado cuando toda otra alternativa para recuperar la salud del paciente se ha agotado, que sólo es posible gracias a la voluntad de las personas que dan su consentimiento para la donación. A tal efecto, se ha creado una lista de espera que se actualiza constantemente con aquellas personas que necesitan un órgano.

En agosto pasado, publicamos el caso de un adolescente de 14 años, internado en el Hospital Garrahan que espera desde febrero un trasplante de corazón. El joven, oriundo de Trenque Lauquen, padece una miocardiopatía y se halla en emergencia nacional desde el 23 de marzo, los intentos de trasplante se frustraron por cuestiones de compatibilidad, como el grupo sanguíneo o la capacidad torácica.

El 1 de abril de 2006 entró en vigencia la ley 26.006 que establece que toda persona es una potencial donante de órganos, a menos que oficialmente y por escrito deje constancia de su negativa. La norma se refiere a la ablación de todo tipo de tejido vital, menos aquellos que sean separables del cuerpo -como la sangre y sus derivados-, pero abarca las células madre, así como las de la médula ósea. La ley indica que los empleados del Registro Civil están obligados a informar a toda persona mayor que concurra por un trámite, que tiene la posibilidad de dar su voluntad positiva o negativa para convertirse en donante. Incluso, se debe promover la posibilidad de que esta consulta pueda hacerse en las mesas electorales cuando se efectúen comicios, algo que no sucede.

La educación es siempre el punto de partida para concientizar a la ciudadanía sobre la importancia de donar órganos y sangre, como actos relevantes de solidaridad. No deberíamos perder la salud para enterarnos de que hay muchas personas que sufren y que con un gesto solidario puede prolongarles la existencia. La vida es el don más preciado.